Esta réplica de una "aripuca" es una escuela viva en materia de árboles. Usar una aripuca para despertar la conciencia ecológica puede parecer paradojal, pero fue justamente esa la estrategia adoptada por una pareja argentina. Otto Waidelich e Irma Sommerfeld, ambos de 45 años, son los padres de La Aripuca, una réplica gigante de una trampa usada a modo de clase sobre medio ambiente, en Puerto Iguazú, en la frontera con Foz do Iguaçu.
El atractivo turístico es un ardid capaz de atrapar la atención del hombre hacia la preservación de la flora, una verdadera escuela viva, donde los turistas tienen una clase sobre árboles, acerca de los nombres científicos y sus orígenes.
Las informaciones son facilitadas por la pareja, a través de carteles y material didáctico, buscando incentivar el amor y el respeto a la naturaleza.
El atractivo ofrece una colección de más de 30 especies de maderas del norte de la provincia de Misiones, provincia donde se encuentra Puerto Iguazú, la ciudad más próxima de nuestra vecina Argentina. Son árboles de la llamada selva misionera. La provincia también abriga el lado argentino del Parque Nacional Iguazú.
La Aripuca (también conocido como arapuca) impresiona por sus dimensiones. Construida a partir de un modelo original utilizado para cazar aves, ella tiene 17 metros de altura por 60 de diámetro. Tamaño que permite avistarla desde da Ruta Internacional, ruta de salida de Puerto Iguazú. Mismo en la entrada es posible sentir el espíritu del proyecto: un árbol milenario es usado como portón del centro de recepción de visitantes.
Su encanto está en el tronco de cinco metros de diámetro. En su interior tiene un teléfono. De acuerdo con Irma, el tronco de la "cañafístula" siempre crece macizo, por lo tanto sin corazón. Proyecto - La Aripuca es fruto de un sueño de 20 años del matrimonio argentino, preocupado en alertar acerca de los prejuicios del corte de especies nativas y la importancia del plantío de mudas. La primera parte fue inaugurada en 1998 y fue concluida recientemente con la implantación del centro de artesanías producidos por los guaraníes.
La reproducción preciso de centenas de árboles hasta llegar al formato actual, con un peso estimado de una tonelada. Las especies fueron compradas por US$ 50 mil a lo largo de cinco años de agricultores que desmontaron sus tierras para cultivo. Algunas cayeron por fenómenos propios de la naturaleza, como tempestades.
Según Irma, los árboles probablemente serian quemados. La visita puede ser ampliada con una ida hasta Andresito, comunidad distante 60 kilómetros de Puerto Iguazú. Allí es posible andar a caballo en la selva, conocer observatorios de aves y plantaciones de yerba mate, principal actividad de la economía misionera, disfrutar especialidades de la gastronomía regional como el famoso dulce de leche de búfalo, más allá de apadrinar una muda nativa.
Horario de funcionamiento: de las 9 a las 17 horas.